La adolescencia es una etapa especialmente sensible en la que los padres y tutores legales pueden encontrarse con situaciones que les generan preocupación: cambios bruscos de comportamiento, amistades poco recomendables, sospechas de consumo de sustancias, adicción al juego u otras conductas de riesgo. En estos casos, contar con información objetiva es fundamental para poder actuar a tiempo y de la forma más adecuada.
Nuestro equipo cuenta con detectives privados habilitados y con experiencia en la investigación de menores, lo que nos permite llevar a cabo este tipo de servicios a petición de padres o tutores legales, siempre dentro del ejercicio legítimo de la patria potestad, regulada en los artículos 154 y 162 del Código Civil, que atribuye a los progenitores el deber y el derecho de velar por sus hijos menores, tenerlos en su compañía, educarlos y procurarles una formación integral.
Esta legitimación es la que nos permite actuar, siempre con las siguientes garantías:
Es habitual confundir ambos conceptos, pero son jurídicamente distintos:
Esta distinción es relevante para nuestro servicio: la legitimación para solicitar una investigación sobre un hijo menor deriva de la patria potestad, no de la guarda y custodia. Esto significa que, con carácter general, ambos progenitores —tengan o no la custodia— conservan el interés legítimo necesario para contratar este tipo de investigación, salvo que la patria potestad haya sido suspendida, privada o limitada judicialmente.
La patria potestad, y con ella la legitimidad de este tipo de investigaciones, se ejerce sobre los hijos menores de edad no emancipados, es decir, hasta los 18 años. A partir de la emancipación (por matrimonio, concesión judicial o de los progenitores, o vida independiente con su consentimiento), el menor adquiere autonomía y dejaría de aplicarse este fundamento legal.
Sí. Nuestro informe está pensado precisamente para servir de apoyo objetivo a la hora de valorar la necesidad de intervención, ya sea familiar, escolar o de un profesional sanitario (psicólogo, terapeuta especializado en adicciones, etc.). No sustituye una valoración clínica, pero aporta información de primera mano sobre hábitos y conductas que puede resultar muy útil para el profesional que atienda al menor.
Las aplicaciones de control parental solo permiten supervisar el uso del teléfono o dispositivos, pero no informan sobre lo que ocurre fuera de la pantalla: con quién se relaciona el menor, dónde pasa el tiempo libre o qué actividades realiza presencialmente. Nuestro trabajo de campo complementa esa información digital con una visión real y presencial de la situación.
Abordamos estas investigaciones con especial delicadeza, discreción y responsabilidad, priorizando siempre el bienestar del menor y ofreciendo a la familia una orientación honesta sobre la situación detectada, sin sustituir en ningún caso el criterio de los profesionales de la salud o la educación que puedan intervenir posteriormente.
¿Te preocupa el comportamiento de un hijo o hija menor de edad? Contáctanos con total confidencialidad, o consulta también nuestro servicio de investigación de adicciones, estrechamente relacionado con este tipo de casos.